Desde el corazón al Rosario.
Ocho años estuvimos, como Tte. de Hermano Mayor de la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario del Barrio León.
Allí con un Junta de Gobierno bien secundada con el trabajo incansable y acierto de su Hermano Mayor, - (Florentino Alonso Gaviño; que entre las múltiples mejoras, se destacó, en aquellos años, la construcción de una primera planta sobre su actual Capilla).
Aún recordamos, el sentimiento de un mes de cualquier Octubre del año en el alma de Triana.
El Barrio León despertaba en una fecha siempre esperada por todos, porque en la tarde de ese día señalado salía la Virgen del Rosario, compendio total de hermosura y sencillez, vivero donde florecían todos los amores de aquel barrio singular.
La oportunidad que me ofrece hoy la imaginación, hace que recuerde aquellas calles engalanadas con el sabor añejo de la velá por el mes de Septiembre. La Virgen en olor de multitud avanzaba cuidadosa, salvando banderitas, colgaduras y gallardetes que celosamente; los vecinos habíamos dispuesto de lado a lado por calles y plazas.
La mirada del de los afincados allí, era de sorpresa y agrado, de entusiasmo y fiesta, todo el barrio se había vestido de gala, para recibir la bendición de la Madre. Desde aquellos primeros años, podemos decir, que todo Triana era una misma familia, todo un símbolo de hermandad de cara a la Virgen del Rosario.
Ha llovido mucho desde entonces, (no tanto en estos dos años pasados 22 y 23); pero pasó el tiempo y la autoridad eclesiástica aprobó las reglas de la cofradía y todo el barrio fue el clamor inusitado. Después el espíritu cristiano alababa a su Virgen, a su Reina y protectora porque Ella y sólo Ella iba a ser el culmen de todo un año de trabajo, sudores y esfuerzos por mantener el barrio León a la altura que siempre mereció.
Por aquel entonces, el mes de Octubre se llenaba con la presencia de la reducida imagen de Luis Álvarez Duarte (d.e.p,). La escultura se reflejaba en la cal de las paredes, en el frondoso naranjal “leones”, en los ojos humedecidos de chavales y mayores. Todos se iban a la calle porque sabían, que en la parroquia de San Gonzalo, olía a nardo y clavel, a paso de plata, candelabros de parabrisas, de guardabrisas encendidos para alumbrar su divino semblante, a racheo costalero refugiado bajo el manto de su Rosario Eterno.
En este rincón, criadero de golondrinas que revoloteaban por la corona de la suntuosa Emperadora que iba gloriosa porque era gloria el contemplarla portando al Niño de Dios. Por aquel entonces, el cielo una vez más, traía un regalo que no se podía adquirir en ninguna parte, al venir este de la casa del Padre. La Virgen del Rosario iba contenta porque se sentía más que nunca cerca de sus padres: Joaquín y Ana, que desde la absorbancia de Santa Ana la mimaban con locura y pasión.
La grandeza de una Señora, que esbozaba la sonrisa más perfecta jamás recreada en el arte, metiéndose en los corazones de hombres como la sangre viva de vivir solo por ella.
Solemne y humilde, el Rosario Angelical que iba evangelizando su barrio, porque un perfume con aroma único e irrepetible se adueñaba de toda la humanidad. Era el perfume de la mujer más célebre que ha dado la historia, que en toda Triana se mimaba como lo que era y sigue siéndolo desde la Parroquia de San Gonzalo, una Niña Guapa y Morena que mecía en su onomástica a su Hijo y la nana mejor compuesta; la de la Sevilla Cofrade. Momento letífico de ternura cuando al son de la marcha Rocío, tocada entre otras bandas de la Puebla del Rio o la de Salteras, la Virgen del Rosario volvía a su capilla de la calle Padre Maruri, 6; bajo el multicolor espectáculo de los fuegos artificiales, la saeta gloriosa, cantada por un destacado cofrade y locutor en emisora Triana (A. de Miguel), los aplausos, el piropo desgranado y el llanto colectivo. Tras persignarnos, un escuchar del rastreo de sus costaleros, la Salve de despedida y un hasta mañana; si Dios y Ella lo querían.
Sí, decimos bien, hasta mañana porque Ella esperaba día a día a su vecindario, a ese Barrio León de ajetreos, gracia e inteligencia, popularidad y estilo definido. Barrio de amores marianos y tradición incomparable. En el silencio de esa recoleta capilla y con la emoción cubriendo nuestros adentros, viviríamos con ella otro año más, con la espera siempre soñada de otro lado a San Gonzalo, otros cultos y otra diferente y gozosa procesión.
Fueron años de gratas sensaciones, ya que la familia de nuestra esposa (d.e.p.) como devota rosariera, rezaría en vida más de 30.000 rosarios y que hoy en su altar y procesionar, la jovencita Virgen, todavía lleva en sus manos; un rosario, de quien fue nuestra compañera y madre de nuestros hijos.
Este cofrade que aquí “pregona la vida” cada mes de Octubre y en un rinconcito precioso de nuestro Barrio León donde habitamos junto a Ella, tendremos una cita con la Virgen desde el corazón al rezo de su Rosario.


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